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El intestino: el “segundo cerebro” y su rol clave en el manejo del Asperger

Cada 18 de febrero se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Asperger, una fecha propicia para visibilizar que el bienestar de quienes viven con esta condición de neurodesarrollo va mucho más allá de las terapias conductuales. Estudios recientes confirman una conexión profunda entre la salud digestiva y las manifestaciones neurológicas, revelando que la alimentación es una pieza fundamental en el rompecabezas del Trastorno del Espectro Autista (TEA), -en el cual se incluye el Asperger- y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

El alimento como medicina

Para profundizar en este enfoque, el Grupo Médico Santa Paula (GMSP) destaca la importancia de comprender la barrera intestinal. La doctora Elennys Moya, pediatra y gastroenteróloga infantil de la institución, explica que existe una relación directa entre el sistema gastrointestinal y la conducta.

“Hipócrates (460-370 a.C.) dijo: ‘Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento’. El médico griego de la isla de Cos, considerado el “padre de la medicina”, destacó la relación entre lo que comemos y nuestro estado de salud. El tracto gastrointestinal a través del sistema integrado de mucosas, comparte células con el sistema nervioso central, respiratorio y piel”, influyendo en todos estos sistemas, señaló la especialista.

En las personas con Asperger u otras condiciones similares es común encontrar un “intestino permeable”. Según la Dra. Moya, este funciona como un “colador de pasta”: cuando existe inflamación crónica de bajo grado se filtran “alimentos enemigos” que activan células intestinales encargadas de enviar información de alerta al cerebro y los otros sistemas conectados. Esto puede generar hiperactividad, falta de concentración y dificultades en el lenguaje. Por ello, lo que se consume es vital para mitigar los síntomas.

La ciencia de los simbióticos y el bienestar

El manejo integral de esta condición en el GMSP subraya el rol clave del microbiota intestinal. Si esta se encuentra alterada, caen los niveles de un neurotransmisor tan importante como la serotonina, (cuya producción ocurre en un 95% en el intestino), lo que se traduce en mayores niveles de ansiedad, alteraciones del sueño e irritabilidad en la persona con Asperger.

En este sentido, los probióticos son herramientas esenciales, ya que las funciones metabólicas dependen de estos microorganismos. La doctora Moya aclara que la mayoría de los suplementos que existen son simbióticos, uniendo el probiótico (la cepa) con el prebiótico (su alimento).

Esta combinación es vital porque no solo repuebla el intestino y mejora la digestión, sino que reduce la producción de toxinas inflamatorias que viajan por el nervio vago hasta el cerebro, contribuyendo así a desinflamar el sistema nervioso. Además, al mejorar este ecosistema bacteriano, se optimiza la producción de neurotransmisores esenciales, permitiendo que el niño o adulto con Asperger presente un estado de ánimo más estable y una mejor respuesta a los estímulos del entorno, favoreciendo que las terapias de lenguaje y conducta sean mucho más efectivas.