
El Gobierno de la República Democrática del Congo confirmó que el número de fallecidos por la epidemia de ébola ascendió a más de 1.900 personas, tras registrarse más de 4.000 casos acumulados desde la declaración del brote el pasado 15 de mayo.
La provincia de Ituri se posiciona como el epicentro de la crisis al concentrar más de la mitad de los contagios. La situación reviste extrema gravedad debido a que la contingencia corresponde a la cepa de Bundibugyo, una variante agresiva con una tasa de letalidad cercana al 45 % para la cual no existe vacuna ni tratamiento biológico autorizado.
Ante la rápida propagación del virus hemorrágico, los equipos médicos y brigadas de salud sostienen labores de rastreo de contactos y aislamiento de pacientes para evitar la expansión hacia localidades limítrofes. Sin embargo, la atención hospitalaria se encuentra severamente limitada por la precariedad de la infraestructura sanitaria pública en las zonas afectadas, así como por la falta de acceso garantizado a servicios básicos como agua potable y saneamiento en las comunidades golpeadas.
Frente a la saturación de los centros asistenciales, comités locales y organizaciones comunitarias se han movilizado para coordinar la contención epidemiológica y difundir protocolos preventivos de bioseguridad. Al mismo tiempo, diversos sectores sociales exigen el envío urgente de insumos médicos y ayuda humanitaria sin condicionamientos externos, con el objetivo de fortalecer la capacidad de respuesta del sistema de salud y contener la emergencia.
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