
Todos hemos escuchado las severas advertencias médicas sobre los peligros del insomnio y la falta de descanso. Por ello, la idea de dormir diez o doce horas seguidas suele asociarse con recuperación y bienestar, especialmente los fines de semana. Sin embargo, la ciencia nos trae una revelación contraintuitiva: el exceso de sueño no es un premio para el cuerpo, sino una señal de alarma.
En la medicina del sueño, los beneficios operan bajo una curva en forma de "U". En un extremo, dormir menos de seis horas deprime el sistema inmunológico. Pero en el extremo opuesto, dormir regularmente más de nueve horas en la etapa adulta dispara los mismos factores de mortalidad. Diversos estudios epidemiológicos internacionales han demostrado que los "dormidores largos" presentan un metabolismo mucho más lento, lo que altera la forma en que el cuerpo procesa los azúcares y aumenta exponencialmente el riesgo de desarrollar obesidad y diabetes tipo 2.
A nivel cardiovascular y neurológico, el impacto es igualmente severo. El exceso de horas durmiendo altera el ritmo circadiano natural, provocando lo que los expertos denominan "embriaguez del sueño": esa sensación de despertar agotado, con dolor de cabeza y lentitud mental. Además, la falta prolongada de actividad física durante estas largas jornadas de sueño genera mayor rigidez arterial, incrementando significativamente las probabilidades de sufrir enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares a mediano plazo.
Los somnólogos aclaran un punto vital: muchas veces, dormir demasiado no es la causa de la enfermedad, sino el síntoma de un problema subyacente que no ha sido diagnosticado. La hipersomnia o necesidad compulsiva de dormir suele ser la primera señal de advertencia de cuadros de depresión clínica, deficiencias tiroideas o apnea obstructiva del sueño, un trastorno donde el paciente deja de respirar por segundos durante la noche, logrando un descanso de tan mala calidad que su cerebro le exige seguir durmiendo durante el día.
La recomendación de la Organización Mundial de la Salud sigue intacta: un adulto promedio debe apuntar a un rango de entre siete y ocho horas de sueño ininterrumpido. Si usted duerme más de nueve horas y aun así se siente exhausto, no necesita más tiempo para dormir, necesita una visita al médico.
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