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Alemania afronta el invierno con reservas de gas en mínimos históricos 

Alemania se prepara para afrontar el invierno con sus reservas de gas natural en mínimos históricos, situándose en aproximadamente el 51 % de su capacidad. Este volumen representa el nivel más bajo registrado para esta época del año desde que se iniciaron las mediciones oficiales en 2009, lo que amenaza con elevar las facturas energéticas y desacelerar la actividad industrial de la principal economía europea. 

Aunque la meta legal del Gobierno establece que las instalaciones de almacenamiento deben estar al menos al 80 % de su capacidad para el 1 de noviembre, la asociación de operadores de almacenamiento (INES) advirtió que dicha cuota es “prácticamente inalcanzables” al ritmo actual. Analistas del sector energético estiman poco probable que el nivel de almacenamiento logre superar el 60 % antes de que comience el frío extremo. 

La crisis militar que involucra a EE. UU., Israel e Irán paralizó instalaciones clave de procesamiento en Qatar (como Ras Laffan). El posterior cierre del Estrecho de Ormuz colapsó el flujo global de Gas Natural Licuado (GNL) hacia el continente europeo. Debido a la menor cantidad de importaciones marítimas, Alemania cuenta hoy con unos 45 TWh menos de gas almacenado en comparación con el año pasado, una cantidad equivalente a toda la capacidad de almacenamiento de la República Checa. 

La escasez ya disparó los precios mayoristas del gas en Europa un 20 % en el último mes. El indicador cotiza actualmente cerca de los 70 euros por megavatio hora (MWh) —el punto más alto desde finales de 2022— y los expertos advierten que podría escalar hasta el rango de 80 a 100 euros por MWh si el invierno resulta ser inusualmente prolongado o gélido. 

Ante la inestabilidad de las rutas de GNL estadounidense, el Gobierno de Berlín activó gestiones de emergencia para adquirir gas argelino mediante gasoductos. El Ministerio de Economía alemán y la Agencia Federal de Redes afirmaron que la seguridad del suministro sigue garantizada. Sostienen que los flujos continuos desde Noruega y la infraestructura de regasificación existente bastarán para cubrir un invierno con temperaturas promedio.