
El Servicio Meteorológico del Reino Unido (Met Office) confirmó este lunes 3 de agosto de 2026 que el pasado mes de julio se consolidó oficialmente como el más seco registrado en Inglaterra y Gales en los últimos 190 años, una anomalía climática que ha encendido las alarmas de las autoridades ambientales ante una inminente crisis por escasez de agua e incendios forestales.
Los registros meteorológicos históricos revelan que para encontrar un escenario de sequía estival de magnitudes similares en el sur y centro de la isla británica es necesario remontarse hasta el año 1836, un hito que evidencia la gravedad del actual déficit de precipitaciones en el continente europeo.
De acuerdo con los datos técnicos divulgados por el Met Office, las regiones de Inglaterra y Gales recibieron apenas una fracción del promedio de lluvias habitual para la temporada de verano, registrando zonas donde el pluviómetro marcó cero milímetros durante semanas consecutivas.
Esta histórica ausencia de precipitaciones vino acompañada por persistentes olas de calor que elevaron las temperaturas muy por encima de las medias estacionales, provocando la desecación extrema de los suelos, el marchitamiento de pastizales y una caída crítica en los caudales de ríos subterráneos y embalses. Las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra) advirtieron que este prolongado periodo de sequía ejerce una presión sin precedentes sobre el sector agrícola, comprometiendo los rendimientos de cultivos clave como los cereales y las hortalizas.
Ante la gravedad del panorama hídrico, las principales compañías de suministro de agua del Reino Unido han comenzado a implementar planes de contingencia urgentes, evaluando la aplicación inmediata de prohibiciones sobre el uso de mangueras domésticas (conocidas localmente como hosepipe bans) y restricciones al riego de jardines y lavado de vehículos en múltiples condados.
En paralelo, los cuerpos de bomberos británicos se mantienen en alerta máxima debido a un incremento exponencial en la frecuencia de incendios de vegetación en zonas rurales y periurbanas, un fenómeno inusual para el clima templado de la región.
Los científicos del clima señalan que este récord de 190 años es un indicador directo del recrudecimiento del cambio climático, el cual está alterando los patrones de circulación atmosférica y aumentando de forma alarmante la frecuencia y la intensidad de los eventos meteorológicos extremos en el norte de Europa.
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