
El Gobierno de El Salvador ha desplegado un contingente de fuerzas especiales en Haití para intensificar la búsqueda prioritaria de cuatro militares salvadoreños que permanecen desaparecidos tras sufrir una emboscada criminal.
Las autoridades salvadoreñas mantienen la hipótesis operativa de que los efectivos continúan con vida, desmintiendo reportes previos sobre el presunto hallazgo de sus cuerpos.
El incidente ocurrió el domingo 18 de octubre de 2026 en la localidad de Santo, perteneciente a la comuna de Croix-des-Bouquets, a unos 12 kilómetros de Puerto Príncipe.
Los cuatro militares salvadoreños —quienes se desempeñan como técnicos de aviación dentro de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) autorizada por la ONU— se desplazaban en un vehículo blindado cuando fueron atacados con ráfagas de disparos y artefactos explosivos.
A pesar de que el blindado terminó incendiado, reportes de inteligencia indican que los aerotécnicos lograron salir con vida del automóvil.
Sin embargo, se perdió toda comunicación radial con ellos inmediatamente después del suceso.
El área donde se ejecutó el ataque se encuentra bajo la fuerte influencia de las peligrosas bandas armadas locales conocidas como Chen Mechan y 400 Mawozo.
Ante la gravedad de la situación, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció una operación militar de rescate de gran envergadura.
Hasta el momento, el mandatario ha ordenado el envío de un contingente de fuerzas especiales salvadoreñas (estimado entre 200 y 450 efectivos) a territorio haitiano para liderar los rastreos terrestres.
Bukele hizo una advertencia directa y contundente a las pandillas de Haití, exigiéndoles la liberación inmediata de los uniformados sanos y salvos, asegurando que sus tropas incrementarán la fuerza ofensiva si no son devueltos con vida.
La tensión aumentó luego de que la misión multinacional GSF recibiera restos humanos en el aeropuerto que inicialmente se sospechó podrían corresponder a las víctimas.
No obstante, tras una exhaustiva revisión forense, el presidente Bukele afirmó categóricamente que los cuerpos no pertenecen a los soldados salvadoreños.
Los exámenes determinaron que los restos correspondían a un niño, a un hombre de alta estatura y a un individuo portando partes de uniformes e identificaciones militares de otros países de la región.
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