
La feligresÍa caraqueña se prepara para uno de sus momentos más sublimes: el próximo domingo 15 de marzo, la sagrada imagen del Nazareno de San Pablo, el icónico “Limonero del Señor”, descenderá de su nicho en la basílica de Santa Teresa. Este acto marca el inicio de la veneración cercana previa a la Semana Santa, permitiendo que miles de devotos se reencuentren con la talla de madera de pino de flandes que llegó a la capital en 1674. La jornada central de este domingo de bajada comenzará con una misa solemne a las 10:00 a.m., dando apertura a dos semanas de promesas, orquídeas y túnicas moradas a los pies de su capilla.
La devoción por esta imagen, que forma parte de la identidad espiritual de Venezuela, se consolidó en 1696 tras el milagroso episodio de la epidemia de “La Peste”. Según la tradición histórica, durante una procesión para pedir el cese de la enfermedad, la cruz del Nazareno se enredó en un limonero, provocando la caída de los frutos que, al ser consumidos por los enfermos, trajeron la sanación inmediata. Desde entonces, el Nazareno de San Pablo no es solo una pieza artística de incalculable valor, sino el símbolo de esperanza al que los fieles acuden para agradecer favores o implorar intercesión divina en momentos de crisis.
Para el ciclo litúrgico de este año, la logística de la fe ya está en marcha: un cuerpo de 110 cargadores tendrá la responsabilidad de llevar sobre sus hombros la pesada estructura durante la tradicional procesión del miércoles santo, prevista para el 1° de abril.
Esta movilización, que cada año congrega a una marea humana de peregrinos de todo el país, representa uno de los despliegues de seguridad y fe más importantes de caracas, reafirmando una herencia religiosa que ha sobrevivido por más de tres siglos a terremotos, cambios sociales y desafíos sanitarios.
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