
Apenas dos días después del accidente ferroviario registrado en Córdoba, Cataluña volvió a verse sacudida por una jornada crítica en su red de trenes.
El siniestro más grave se produjo en la línea R4, entre las localidades de Gelida y Sant Sadurní d’Anoia, en la provincia de Barcelona. Allí, un tren que se desplazaba en dirección a Manresa impactó contra un obstáculo inesperado en la vía, lo que desencadenó el descarrilamiento.
Según declaraciones de los medios, un muro de contención se desplomó sobre las vías y fue embestido por el convoy en marcha. El colapso de esta estructura habría sido el factor determinante del accidente, ocurrido en un tramo de alta circulación ferroviaria.
Medios españoles confirmaron que 40 personas resultaron heridas y que todas están siendo atendidas por los servicios de emergencia desplegados en la zona. Entre los afectados, cinco presentan lesiones de gravedad, lo que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias.
Por su parte, Protección Civil señaló que el obstáculo en la vía fue el detonante del descarrilamiento, una información clave para orientar las primeras diligencias técnicas y de seguridad.
La circulación ferroviaria quedó inmediatamente interrumpida en el tramo afectado. Rodalies advirtió que otros servicios podrían sufrir demoras significativas o incluso quedar detenidos al aproximarse a la zona del siniestro.
El operativo de emergencia movilizó importantes recursos. En el lugar trabajaron 11 ambulancias, 15 dotaciones de los Bomberos de la Generalitat y patrullas de los Mossos d’Esquadra de las comisarías de Vilafranca del Penedès y Sant Sadurní d’Anoia.
Las autoridades catalanas indicaron que las causas de ambos accidentes están bajo investigación. El foco está puesto en el derrumbe del muro de contención en la línea R4 y en los obstáculos detectados sobre las vías en Girona, en un contexto que reabre el debate sobre el mantenimiento y la seguridad de la infraestructura ferroviaria en la región.

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