
Cada año, cerca de dos millones de personas sufren mordeduras de serpientes en el mundo, causando unas 130,000 muertes evitables. La OMS advierte que esta “amenaza silenciosa” sigue siendo una enfermedad tropical desatendida, afectando principalmente a poblaciones rurales en África, Asia y América del Sur donde el acceso a servicios de salud es limitado.
En Kenia, iniciativas como la granja de Watamu trabajan en la captura de ejemplares altamente venenosos, como la mamba negra y la cobra egipcia, para proteger a las comunidades del Índico. Además de la intervención directa, estos centros cumplen una función pedagógica vital, educando a locales y turistas sobre prevención y primeros auxilios ante un encuentro con reptiles.
Uno de los mayores desafíos es la atención hospitalaria inmediata. Médicos en regiones como Kilifi luchan por convencer a las víctimas de evitar curanderos y acudir urgencias, ya que el tiempo es crítico. Sin embargo, el alto costo de los antídotos —cerca de 60 euros por vial— dificulta que muchos centros mantengan el inventario necesario para salvar vidas.
Ante la expansión urbana hacia hábitats naturales, los incidentes entre humanos y serpientes son cada vez más frecuentes. El reporte subraya la urgencia de que los gobiernos movilicen recursos para garantizar el suministro de sueros y mejorar la infraestructura médica en las zonas de mayor riesgo del continente africano.
