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Las importaciones de combustibles fósiles caen en la UE tras la guerra contra Irán salvo en 3 países

A 100 días del inicio de la guerra con Irán, el férreo control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz mantiene la volatilidad en los precios globales del petróleo y el gas. A pesar de este panorama, un reciente informe del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero revela que las importaciones de gas natural licuado (GNL) en la Unión Europea cayeron un 1,2 % desde marzo, impulsadas por las limitaciones de suministro y la necesidad de proteger la seguridad energética del bloque.

Sin embargo, la respuesta de los países miembros no ha sido uniforme. Mientras naciones como Alemania dispararon sus importaciones de GNL en un 72 % para cubrir su demanda, la UE en general ha profundizado su dependencia de proveedores como Estados Unidos—que ya representa el 60 % de sus compras—y Rusia. Esta crisis energética global le ha costado al bloque europeo una factura de emergencia que ya asciende a los 60.000 millones de euros. Como contraparte, el auge de las energías renovables autóctonas, liderado por la solar y la eólica, ha servido de escudo frente a la escalada de precios, logrando un ahorro multimillonario para el continente. Los expertos insisten en que acelerar la transición hacia la electrificación en el transporte, la calefacción y la industria es la única inversión estructural capaz de reducir de forma definitiva la exposición de Europa a los combustibles fósiles importados.

A 100 días del inicio de la guerra con Irán, el férreo control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz mantiene la volatilidad en los precios globales del petróleo y el gas. A pesar de este panorama, un reciente informe del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero revela que las importaciones de gas natural licuado (GNL) en la Unión Europea cayeron un 1,2 % desde marzo, impulsadas por las limitaciones de suministro y la necesidad de proteger la seguridad energética del bloque.

Sin embargo, la respuesta de los países miembros no ha sido uniforme. Mientras naciones como Alemania dispararon sus importaciones de GNL en un 72 % para cubrir su demanda, la UE en general ha profundizado su dependencia de proveedores como Estados Unidos—que ya representa el 60 % de sus compras—y Rusia. Esta crisis energética global le ha costado al bloque europeo una factura de emergencia que ya asciende a los 60.000 millones de euros. Como contraparte, el auge de las energías renovables autóctonas, liderado por la solar y la eólica, ha servido de escudo frente a la escalada de precios, logrando un ahorro multimillonario para el continente. Los expertos insisten en que acelerar la transición hacia la electrificación en el transporte, la calefacción y la industria es la única inversión estructural capaz de reducir de forma definitiva la exposición de Europa a los combustibles fósiles importados.

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