China puso fin hace una década a la estricta política del hijo único, vigente desde 1979‑1980 para evitar el riesgo de sobrepoblación, en una época en la que la tasa de natalidad era de 17,82 nacimientos por cada mil habitantes.
Desde 2016, se permitió a las parejas tener un segundo hijo. Cinco años más tarde, Pekín flexibilizó aún más las normas autorizando también el nacimiento de un tercer hijo.
Aun así, la tasa de natalidad ha seguido disminuyendo de manera constante en los últimos años, salvo por un pequeño aumento en 2024 cuando se registraron 6,77 nacimientos por cada 1.000 habitantes.
El año pasado se registraron 7,92 millones de nacimientos, una tasa de 5,63 partos por cada 1.000 habitantes. Eso representa 1,62 millones de nacimientos menos que el año anterior, lo que equivale a una disminución del 17%.
Este es el nivel más bajo registrado desde que comenzó a medirse esa estadística en 1949, año en el que el líder comunista Mao Zedong fundó la República Popular de China, indicó este lunes la Oficina Nacional de Estadística (ONE).

