
Irritabilidad, impulsividad, agresividad y conductas extrañas en algunos casos, y en otros, la evidente dificultad para expresarse, son síntomas del trastorno neurocognitivo frontotemporal, una enfermedad que comienza en el lóbulo frontal del cerebro y, a medida que va evolucionando, afecta también el lóbulo temporal, por lo que la persona presenta problemas de memoria similares a los que ocasiona el Alzheimer.
La neuropsicólogo Katherine Vergara, explicó que esta patología se manifiesta con cambios en el comportamiento y “la persona se vuelve mucho más irritable o más agresiva de lo que era, o comienza a tener costumbres extrañas o raras para lo que se esperaba fuese su comportamiento en determinada situación o lo que era usual en ella. También adopta hábitos alimenticios raros, es decir, combinaciones extrañas de comida que no eran comunes antes en ella”.
Indicó que el lóbulo frontal del cerebro es el que regula la conducta de los seres humanos, por lo que este trastorno “también puede ocasionar que quien lo padezca esté más desinhibido sexualmente o en términos de agresión. Y, también es probable lo contrario, es decir, que empiecen a estar mucho más inhibidos, con menos iniciativa para hacer las cosas, menos activos de lo normal o surgen prácticas de acumular cosas, y si era alguien ‘terco’ entonces se acentúa más este rasgo de la personalidad”.
Aseguró que hay casos en los que esta enfermedad comienza con dificultades en el lenguaje, se nota que “a la persona le cuesta conseguir las palabras o dar con el nombre adecuado de las cosas, esa situación puede irse incrementando paulatinamente y llegar a fragmentar la capacidad de comunicación. Esto produce que se exprese de forma desorganizada, menos coherente y no encuentra la forma de decir lo que quiere”.
Afectación de la memoria
La neuropsicólogo explicó que el trastorno neurocognitivo frontotemporal es “una patología neurodegenerativa y, como tal, comienza a avanzar y compromete el lóbulo temporal, que es la parte del cerebro donde tienen lugar los procesos de memoria y de almacenamiento de información”.
Igualmente, como sucede con otras enfermedades neurocognitivas, para ser diagnosticada se requiere la consulta con el especialista, que investigará la historia clínica del paciente e indicará los exámenes complementarios que se necesiten, para descartar cualquier otra patología, así como también se hace una evaluación neuropsicológica. El médico, además, puede indicar tratamientos farmacológicos para controlar o mejorar la irritabilidad o la agresividad.
